Soy Profesor en Matemáticas, estudios que llevé en la modalidad semiescolarizada e intensiva en el período comprendido de 1980 a 1984 en la Escuela Normal del Sur en Sinaloa. Aunque la carrera inicial que cursé de 1978 a 1983, fue Biología Pesquera que terminé; pero no me titulé. Cuándo inicie los estudios de Biología, la situación de la Universidad Autónoma de Sinaloa era inestable por la lucha por subsidio y movimientos sociales, casi no teníamos clases y una manera aprovechar el tiempo y sostener mis estudios fue como decidí dar clases.
Después de dar clases, fui teniendo la formación pedagógica. Confieso que nunca pensé ejercer la docencia. El pensamiento inicial, era desarrollarme en el campo profesional de la pesca y terminé en educación en forma accidental. Tomé la docencia como un medio para después desarrollarse profesionalmente o, simplemente, porque tenían necesidad de trabajar y fue la oportunidad que se me presentó en ese momento. Lo importante es que permanecí en este trabajo, a pesar de que el paso por este plantel lo consideraban transitorio. Al principio tuve dificultades en mi desempeño, pero poco a poco fui dominando las materias, lo que me permitió ir adquiriendo confianza y seguridad en mi trabajo.
En mi manera de pensar, concibo al profesor como una persona con el perfil profesional para la docencia. Como ser humano, consciente de todo lo que le rodea y tiene un espíritu de servicio. Es una persona ecuánime, segura de sí misma y que proyecta sinceridad, honestidad y es responsable, amable y comprensiva. Con un dominio de su práctica y de amplio criterio, comparte no solo sus conocimientos sino también sus experiencias. Es una persona llena de vitalidad y amor por su trabajo y lo demuestra siempre con una sonrisa. Es una persona que orienta, facilita el proceso de construcción de conocimiento y no es autoritario. Tiene la disposición cuando algún alumno requiere de su apoyo. Además, es una persona intuitiva, que conoce las necesidades e intereses del alumno. Al estar al frente del aula, proyecta una personalidad, en la cual, los alumnos la admiten como tal y sienten respeto por él.
En este ser profesor del Cetmar, me descubro como una persona honesta, consecuente con sus alumnos, me gusta ser amable y tengo la facilidad para acercarse a ellos. Me considero una persona responsable, paciente y tolerante, que les gusta ayudar a los alumnos y participar con ellos. Me reconozco como una persona limitada, con defectos y cualidades. Estoy en un proceso continuo que me ha ayudado a crecer como persona y he puesto mi mejor esfuerzo para sacar adelante mi trabajo. En el trayecto del pasado al futuro estoy consciente que no se puede ser el mismo. Pienso que el profesor debe reaccionar ante la situación de crisis y cambiar la manera de ver las cosas. Es creativo e imaginativo y sabe conjugar su capacidad en la realización de escenarios posibles. Y siente la necesidad, la iniciativa y la búsqueda del cambio. Asimismo acumula conocimientos para cambiar, posee competencias que son transferibles y aplicables a diferentes ámbitos. Acepta que no lo sabe todo y que su formación debe ser continua, porque su paradigma es multireferencial y su problemática real tiene soluciones múltiples. Por último, tiene el don de comunicar el proceso y aprende junto con sus alumnos en un ambiente de consenso, pero lo fundamental sabe cambiar de generación y esto le permite comprender a sus alumnos, así como conocer sus intereses y motivaciones. Por último, siento que aún puedo dar mucho a mis alumnos no solo como profesional en la facilitación de aprendizajes, sino también como persona: amor, amistad y confianza.
En esta parte volitiva del ser profesor del Cetmar Mazatlán, he tenido sentimientos encontrados, algunas veces me he sentido contento y otras, insatisfecho. En los momentos felices, he aprendido a querer mi práctica docente y hacer una autocrítica de mi actividad. He adquirido la capacidad de impartir las materias, aunque reconozco que aún me falta mucho todavía por aprender. Me provoca emociones de gusto, de alegría y satisfacción porque a través de esta actividad puedo contribuir en la formación que los jóvenes eligen. Me satisface el hacer lo que deseo y quiero dentro del aula como una actividad cambiante y creativa. Me gusta desempeñar mi actividad docente y que los alumnos aprendan. Reconozco que implica una gran responsabilidad el preparar a los alumnos para que continúen sus estudios y se incorporen al trabajo. Me entrego a mi labor y me siento realizado porque siento trascender mi trabajo, asimismo me satisface ver los resultados y aunque no espero el reconocimiento, en algunas ocasiones lo haya obtenido.
A lo largo del tiempo, he observado un progreso no solo en mi persona sino también en lo profesional. Después de 30 años, todavía el olor del gis me llena de nostalgia y recuerdo cuando alguien me preguntaba mi profesión decía: biólogo. Desde hace mucho no es así, ahora digo profesor del Cetmar. Al recordar mi trayectoria y al hacer de nuevo el recorrido, me siento satisfecho y puedo afirmar que he encontrado mi vocación y una identificación con esta profesión. El más grande trofeo que he conquistado, es haber contribuido en la formación de las diferentes generaciones de jóvenes que han pasado por la escuela y cuando me los reencuentro en la calle, con gran gusto me saluden y recuerden la experiencia que vivieron, que generalmente no son los conocimiento, sino lo que uno les aportó en su formación como personas.
En el caso contrario, me he sentido insatisfecho cuando considero que no soy útil o estoy siendo subutilizado. También cuando me he esfuerzo demasiado en alguna actividad y no logre los resultados esperados. Esto me ha producido emociones de coraje, de tristeza y, a veces, de desesperación cuando los alumnos no aprenden, o bien cuando no pueden cumplir con su actividad por falta de recursos materiales. Algunas experiencias significativas que recuerdo: En el caso de indisciplina, la falta de respeto de algún alumno que me he merecido. O cuando al principio, en la exposición de las clases, algunos alumnos me decían que no me entendían o incluso, cuando me han señalado errores que he cometido en clase, al principio se sentían mal; pero me gustó que me haya pasado eso, porque he aprendido de esos errores. En lo personal, reconozco en alguna ocasión haber perdido el control en el grupo, causando en mí un sentimiento de culpa; pero esto contribuyó para buscar un equilibrio interno.
He aprendido a querer no solo al Cetmar Mazatlán sino también a mi trabajo, a pesar de los vaivenes aún sigo con la misma pasión y entrega de los primeros años. Observo que como profesor mi compromiso con el alumno y la institución no es abstracto y no suena a palabra hueca, todavía no me envuelve la pasividad, ni me llega la fatiga para así dejar de accionar.
Finalmente concluyo, el profesor para realizarse plenamente y desarrollar su misión social, necesita talento, preparación, sabiduría. Cultura amplia y sobre todo rodearse del respeto, la confianza y gratitud de la sociedad. Jamás debe colocarse en situaciones contrarias a los intereses de sus alumnos y a las aspiraciones generales de la comunidad. Pero sobre todo, como dijo Gabriela Mistral en su decálogo del maestro: “Sé fervoroso. Para encender lámparas has de llevar fuego en tu corazón”.
Gabriel Meza
Después de dar clases, fui teniendo la formación pedagógica. Confieso que nunca pensé ejercer la docencia. El pensamiento inicial, era desarrollarme en el campo profesional de la pesca y terminé en educación en forma accidental. Tomé la docencia como un medio para después desarrollarse profesionalmente o, simplemente, porque tenían necesidad de trabajar y fue la oportunidad que se me presentó en ese momento. Lo importante es que permanecí en este trabajo, a pesar de que el paso por este plantel lo consideraban transitorio. Al principio tuve dificultades en mi desempeño, pero poco a poco fui dominando las materias, lo que me permitió ir adquiriendo confianza y seguridad en mi trabajo.
En mi manera de pensar, concibo al profesor como una persona con el perfil profesional para la docencia. Como ser humano, consciente de todo lo que le rodea y tiene un espíritu de servicio. Es una persona ecuánime, segura de sí misma y que proyecta sinceridad, honestidad y es responsable, amable y comprensiva. Con un dominio de su práctica y de amplio criterio, comparte no solo sus conocimientos sino también sus experiencias. Es una persona llena de vitalidad y amor por su trabajo y lo demuestra siempre con una sonrisa. Es una persona que orienta, facilita el proceso de construcción de conocimiento y no es autoritario. Tiene la disposición cuando algún alumno requiere de su apoyo. Además, es una persona intuitiva, que conoce las necesidades e intereses del alumno. Al estar al frente del aula, proyecta una personalidad, en la cual, los alumnos la admiten como tal y sienten respeto por él.
En este ser profesor del Cetmar, me descubro como una persona honesta, consecuente con sus alumnos, me gusta ser amable y tengo la facilidad para acercarse a ellos. Me considero una persona responsable, paciente y tolerante, que les gusta ayudar a los alumnos y participar con ellos. Me reconozco como una persona limitada, con defectos y cualidades. Estoy en un proceso continuo que me ha ayudado a crecer como persona y he puesto mi mejor esfuerzo para sacar adelante mi trabajo. En el trayecto del pasado al futuro estoy consciente que no se puede ser el mismo. Pienso que el profesor debe reaccionar ante la situación de crisis y cambiar la manera de ver las cosas. Es creativo e imaginativo y sabe conjugar su capacidad en la realización de escenarios posibles. Y siente la necesidad, la iniciativa y la búsqueda del cambio. Asimismo acumula conocimientos para cambiar, posee competencias que son transferibles y aplicables a diferentes ámbitos. Acepta que no lo sabe todo y que su formación debe ser continua, porque su paradigma es multireferencial y su problemática real tiene soluciones múltiples. Por último, tiene el don de comunicar el proceso y aprende junto con sus alumnos en un ambiente de consenso, pero lo fundamental sabe cambiar de generación y esto le permite comprender a sus alumnos, así como conocer sus intereses y motivaciones. Por último, siento que aún puedo dar mucho a mis alumnos no solo como profesional en la facilitación de aprendizajes, sino también como persona: amor, amistad y confianza.
En esta parte volitiva del ser profesor del Cetmar Mazatlán, he tenido sentimientos encontrados, algunas veces me he sentido contento y otras, insatisfecho. En los momentos felices, he aprendido a querer mi práctica docente y hacer una autocrítica de mi actividad. He adquirido la capacidad de impartir las materias, aunque reconozco que aún me falta mucho todavía por aprender. Me provoca emociones de gusto, de alegría y satisfacción porque a través de esta actividad puedo contribuir en la formación que los jóvenes eligen. Me satisface el hacer lo que deseo y quiero dentro del aula como una actividad cambiante y creativa. Me gusta desempeñar mi actividad docente y que los alumnos aprendan. Reconozco que implica una gran responsabilidad el preparar a los alumnos para que continúen sus estudios y se incorporen al trabajo. Me entrego a mi labor y me siento realizado porque siento trascender mi trabajo, asimismo me satisface ver los resultados y aunque no espero el reconocimiento, en algunas ocasiones lo haya obtenido.
A lo largo del tiempo, he observado un progreso no solo en mi persona sino también en lo profesional. Después de 30 años, todavía el olor del gis me llena de nostalgia y recuerdo cuando alguien me preguntaba mi profesión decía: biólogo. Desde hace mucho no es así, ahora digo profesor del Cetmar. Al recordar mi trayectoria y al hacer de nuevo el recorrido, me siento satisfecho y puedo afirmar que he encontrado mi vocación y una identificación con esta profesión. El más grande trofeo que he conquistado, es haber contribuido en la formación de las diferentes generaciones de jóvenes que han pasado por la escuela y cuando me los reencuentro en la calle, con gran gusto me saluden y recuerden la experiencia que vivieron, que generalmente no son los conocimiento, sino lo que uno les aportó en su formación como personas.
En el caso contrario, me he sentido insatisfecho cuando considero que no soy útil o estoy siendo subutilizado. También cuando me he esfuerzo demasiado en alguna actividad y no logre los resultados esperados. Esto me ha producido emociones de coraje, de tristeza y, a veces, de desesperación cuando los alumnos no aprenden, o bien cuando no pueden cumplir con su actividad por falta de recursos materiales. Algunas experiencias significativas que recuerdo: En el caso de indisciplina, la falta de respeto de algún alumno que me he merecido. O cuando al principio, en la exposición de las clases, algunos alumnos me decían que no me entendían o incluso, cuando me han señalado errores que he cometido en clase, al principio se sentían mal; pero me gustó que me haya pasado eso, porque he aprendido de esos errores. En lo personal, reconozco en alguna ocasión haber perdido el control en el grupo, causando en mí un sentimiento de culpa; pero esto contribuyó para buscar un equilibrio interno.
He aprendido a querer no solo al Cetmar Mazatlán sino también a mi trabajo, a pesar de los vaivenes aún sigo con la misma pasión y entrega de los primeros años. Observo que como profesor mi compromiso con el alumno y la institución no es abstracto y no suena a palabra hueca, todavía no me envuelve la pasividad, ni me llega la fatiga para así dejar de accionar.
Finalmente concluyo, el profesor para realizarse plenamente y desarrollar su misión social, necesita talento, preparación, sabiduría. Cultura amplia y sobre todo rodearse del respeto, la confianza y gratitud de la sociedad. Jamás debe colocarse en situaciones contrarias a los intereses de sus alumnos y a las aspiraciones generales de la comunidad. Pero sobre todo, como dijo Gabriela Mistral en su decálogo del maestro: “Sé fervoroso. Para encender lámparas has de llevar fuego en tu corazón”.
Gabriel Meza

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